El insospechado giro político de Andalucía: de fortaleza de la izquierda a bastión de la derecha
La gran incógnita de las elecciones del domingo es si el PP se bastará para lograr mayoría absoluta o si necesitará a Vox. Este contexto habría resultado del todo inverosímil hace pocos años. “El desgaste de la izquierda y el cambio del contexto temático han sido clave”, señala la politóloga Ainara Villaño.
Andalucía, el granero de voto socialista durante décadas, el gran bastión de la izquierda, sigue basculando hacia la derecha. Durante los comicios de este domingo no se contempla un escenario diferente a una consolidación, mayor si cabe, de la mayoría de la derecha. La única duda es si el PP se bastará para conseguir la mayoría absoluta o si necesitará de Vox para lograrlo, sumando entre ambos una mayoría que, según la media de las encuestas, rondaría el 65 % de la representación parlamentaria. Ahí emerge la gran pregunta, ¿qué ha ocurrido en esta comunidad de 8,7 millones de habitantes para que, en menos de una década, se haya invertido la correlación izquierda-derecha?
Durante los años 80 y comienzos de los 90, la izquierda rondó el 75 % de la representación parlamentaria, con un PSOE hegemónico y tanto Izquierda Unida como el Partido Andalucista situados en posiciones de cierta relevancia.
La derecha no llegó a superar la barrera del 40 % de la representación hasta la primera década de los 2000, aunque la ruptura del bipartidismo en 2015 y la irrupción de Podemos dieron un nuevo giro al tablero político andaluz y reforzaron a la izquierda.
En el año 2015, el PSOE, Podemos y el resto de formaciones de izquierdas rozaron, de nuevo, las dos terceras partes de la representación. Y, sin embargo, desde entonces no han levantado cabeza.
En los comicios de 2018, la derecha rompió por primera vez la mayoría de la izquierda, con la suma de los votos de un PP aún en posiciones modestas (26 escaños de 109), Ciudadanos (21 escaños) y Vox (12). Juan Manuel Moreno Bonilla se convirtió en enero de 2019 en el primer presidente andaluz de un partido conservador, sostenido por una ultraderecha que se mostró muy exigente durante la primera legislatura y por un Ciudadanos ya en declive.
Cuatro años después, engulló a la formación naranja, duplicó la representación de su formación y logró la mayoría absoluta (58 escaños de 109). Las encuestas de cara a los comicios del domingo sitúan a los populares al filo de los 55 escaños que dan mayoría absoluta, seguidos de un PSOE que rondaría los 28 escaños (2 menos) y Vox alrededor de los 15 representantes (uno más que en la actualidad). Por Andalucía y Adelante rondarían los 5 representantes cada uno.
María Jesús Montero, candidata del PSOE-A; Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía; en el centro, Juan Manuel Moreno, del PP; Manuel Gavira, de Vox; y José Ignacio García, de Adelante Andalucía.
La erosión de la izquierda
El vuelco electoral del último decenio es absoluto. La izquierda pasó en siete años, entre 2015 y 2022, de alcanzar dos terceras partes de la representación a quedarse en apenas una tercera parte. Y la situación se podría amplificar. En opinión de Ainara Villaño, politóloga y responsable de Análisis y Estudios de Silván & Miracle, esta dinámica se debe a “una combinación de factores que se retroalimentan”.
“El desgaste del PSOE de Andalucía, tras 36 años ininterrumpidos de gobierno autonómico, agravado por el escándalo de los ERE, erosionó profundamente la credibilidad del principal partido de la izquierda en su bastión histórico”, indica.
A eso se sumó, según explica, una fragmentación crónica del espacio progresista: “La irrupción de Podemos en 2015 amplió momentáneamente la base, pero a medio plazo atomizó el voto entre PSOE, Podemos, IU y Adelante Andalucía, generando disputas internas que proyectaron una imagen de desorden frente a un electorado que demandaba estabilidad. Simultáneamente, Ciudadanos primero y el PP después, supieron captar al votante de centro y de centro-izquierda moderado, descontento con la gestión socialista, pero que no se identificaba con opciones más a la izquierda”.
El contexto temático: del procés a la inmigración
El segundo factor clave tiene que ver con el “contexto temático” que se instaló en el debate político andaluz. Primero, entre los años 2017 y 2019, el procés catalán “desplazó el eje del debate político de lo socioeconómico a lo territorial-identitario”.
“Es un terreno en el que la derecha se mueve con más comodidad y donde la izquierda quedó a la defensiva, percibida por parte de su electorado como tibia ante un desafío a la unidad nacional”, explica Villaño.
En los últimos años, asimismo, la inmigración se ha consolidado como una de las principales preocupaciones ciudadanas, y Vox “ha sabido explotar ese malestar para captar a votantes de clase trabajadora que tradicionalmente habían sido base electoral de la izquierda”.
“En definitiva, la izquierda andaluza perdió su relato hegemónico sin lograr construir uno nuevo que conectase con las preocupaciones actuales, mientras la derecha supo unificarse en torno al PP de Juanma Moreno y ofrecer una alternativa que, en 2022, le otorgó una mayoría absoluta histórica”, indica.
El nuevo tablero político
Así, en 2022 la izquierda ya había perdido prácticamente la mitad de los 2,3 millones de votos que logró en 2015, y está por ver que la sangría no vaya a continuar en las presentes elecciones.
La fidelidad de voto al PSOE es limitada, y el resto de formaciones de izquierdas no logró aumentar su espacio. “El 65,7 % de quienes votaron PSOE en 2022 repiten, pero el resto se dispersa en múltiples direcciones. Un 7,3 % se va directamente al PP, lo cual es significativo tratándose de un trasvase directo izquierda-derecha”, indica Ainara Villaño. Mientras, la izquierda a la izquierda del PSOE continúa fragmentada y, en el mejor de los casos para sus intereses, intercambia electores entre las diferentes siglas.
Con todo, lo más preocupante para la izquierda tiene que ver con los nuevos votantes: la izquierda en su conjunto no llega ni al 30 % entre quienes votan por primera vez en autonómicas, mientras la derecha superaría el 46 %, según los diferentes estudios que se han realizado. “Este dato sugiere un problema estructural y generacional, no solo coyuntural”, añade.
La nueva hegemonía del PP andaluz
En este contexto de vuelco político, el PP está alcanzado niveles de representación similares o incluso superiores a los que el PSOE logró en los años 90 y 2000, consolidando una insospechada hegemonía.
Desde el punto de vista geográfico, el PP gana en las ocho provincias andaluzas, aunque se aprecian algunas fracturas. “Su dominio es más rotundo en la Andalucía oriental e interior (Jaén y Almería), mientras que la izquierda resiste mejor en el eje atlántico urbano: Sevilla, donde Adelante supera el 10 %, y Cádiz, su feudo histórico obrerista y andalucista. Vox se concentra en la Andalucía rural y las provincias fronterizas con mayor presión migratoria”, indica Ainara Villaño.
En cuanto al estrato social de los votantes del PP, los populares fundamentan su hegemonía en su claro dominio entre las clases medias y medias-altas: “Arrasa entre esos estratos, y roza el 50 %, pero cae por debajo del 22 % en la clase trabajadora”.
El PSOE, mientras, es el partido “más estable a lo largo de la escala social”, aunque entre la clase obrera la suma de Adelante y Por Andalucía llega a superarle.
El caso de Vox es especialmente llamativo, en opinión de Ainara Villaño. “Presenta un perfil bimodal interesante. Es fuerte tanto entre la clase alta como entre la baja, lo que refleja su doble apelación liberal-conservadora y populista-descontenta”, explica.
Finalmente, atendiendo a la edad de los votantes, los populares habrían consolidado ya una posición de liderazgo en todas las franjas de edad. “El PP lidera en todos los tramos de edad, algo excepcional, pero su apoyo crece con la edad: ronda el 30 % entre los más jóvenes y supera el 45 % entre los mayores”, indica Ainara Villaño.
El PSOE presentaría un sesgo por edad aún más envejecido, mientras que Vox y Adelante Andalucía tendrían sus principales nichos de votantes entre las generaciones más jóvenes.
En todo caso, más allá de los nuevos votantes, la derecha se estaría haciendo fuerte entre el conjunto de los jóvenes, algo que hace unos pocos años habría resultado inverosímil. “El dato estructuralmente preocupante para la izquierda es que PP y Vox ya suman casi el 47 % entre los 18-24 años, frente a un 34 % de toda la izquierda junta: la derecha está ganando la batalla generacional en Andalucía”.
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