El alcalde que quiso llevar el 'efecto Bilbao' a los barrios
Juan Mari Aburto dejará la Alcaldía en un año, al concluir el mandato, después de tres mandatos en los que ha buscado distinguirse por su apuesta por los barrios y tenido que lidiar con un cambio en las prioridades ciudadanas.
Juan Mari Aburto dejará en un año el bastón de mando de una ciudad muy diferente a la que 12 años antes le otorgó su confianza por primera vez. Y no solo por la transformación social y urbana que se ha vivido en Zorrotzaurre, Garellano o Bolueta, o por los cambios a nivel de movilidad.
El primer edil municipal llegó al Ayuntamiento con la misión de atender las prioridades de una villa preocupada por la transformación de los barrios, la situación social de sus vecinos y el empleo, entonces la principal preocupación de los bilbaínos. En un año abandonará un Bilbao en el que emergen las mismas inquietudes que mueven gobiernos en media Europa -vivienda, seguridad…-, habiendo sobrevivido a un drástico cambio de ciclo político y a una coyuntura en la que las grandes problemáticas globales aterrizan de forma visible -y en ocasiones dramática- en los barrios.
Un alcalde de perfil social para los barrios
En un momento de malestar social, crisis de representación y auge de la izquierda alrededor de Podemos, el PNV apostó en 2015 por Juan Mari Aburto, hasta entonces consejero de Empleo y Políticas Sociales, para convertirle en ‘el alcalde de los barrios’. El perfil requerido casaba a la perfección con lo que se conocía de Aburto, vinculado desde su juventud a agrupaciones cristianas de base, con un perfil socialcristiano que siempre ha llevado a gala y dedicado a la gestión de políticas sociales. Un bilbaíno ‘de toda la vida’, apegado a la ciudad y conocido por su compromiso social.
Durante la campaña de las municipales de 2015, se estrenó como candidato y comenzó a ahondar en la imagen que le ha acompañado desde entonces, la de un alcalde de marcado carácter social dispuesto a patearse los barrios con un cuaderno rojo en el que anotar las inquietudes de sus vecinos.
La apuesta surtió efecto. Aunque no logró revalidar la mayoría absoluta de la última legislatura de Iñaki Azkuna, Aburto se quedó a solo dos concejales de ese objetivo. Un resultado satisfactorio para los jeltzales en un momento de fuerte competencia electoral: apenas siete meses después Podemos se impuso al PNV en votos -aunque no en escaños- en las elecciones al Congreso.
Aburto tomó el cargo y se dedicó en cuerpo y alma a tratar de ser el alcalde de los barrios. No era una consigna casual. Bilbao venía de varias décadas de transformación urbana, económica y simbólica que habían convertido la ciudad en una referencia internacional a nivel de regeneración. El conocido como ‘efecto Guggenheim’ o ‘efecto Bilbao’.
Aquella revolución urbana había tenido como principal escaparate el centro de la ciudad y los grandes proyectos. Los estudios de opinión recogían el orgullo de los bilbaínos por esa transformación, pero también una sensación de agravio por parte de los barrios.
Barrios y proyección internacional
Ese cometido se convirtió en un aspecto central de la marca Aburto, empeñado también en transmitir una imagen de cercanía con la ciudadanía y en consolidar la ciudad como la sede de grandes eventos internacionales (Grand Départ del Tour de Francia, finales de rugby en dos ocasiones, final de la Europa League, MTV Europe Music Awards…). En su última campaña electoral, preguntado por el proyecto del que más orgullo se sentía, planteó una respuesta elocuente de su posición.
“Sin ninguna duda de lo que más orgullo estoy es de lo que hemos hecho en los barrios. Alguien podrá pensar en los grandes proyectos, por supuesto que también, pero me siento muy orgulloso de lo realizado en los barrios: de los juegos infantiles cubiertos, de los nuevos hogares que hemos abierto para asociaciones de personas mayores, de los bancos... Me siento especialmente orgulloso de la accesibilidad, de esos 64 ascensores...”, indicaba en una entrevista en Deia.
A partir de ahí, el alcalde mencionaba proyectos como el Parque Científico Tecnológico de Zorrotzaurre, el Centro Audiovisual en Punta Zorrotza, la segunda fase de la Torre Bizkaia o proyectos culturales como el Euskal Museo, Bilbao Arte o Pabellón 6. En todo caso, subrayaba la importancia de “esas cosas pequeñas que son las que mejoran la vida de la gente”.
Probablemente, si en un año se le pregunta por el legado por el cual le gustaría ser recordado, reafirmará esa apuesta por los barrios que le llevó a la Alcaldía en 2015 y en 2019 le llevó a mejorar resultados.
La última legislatura
En su última cita con las urnas, sin embargo, Aburto perdió respaldo electoral. En los comicios municipales de 2023, los jeltzales se dejaron 17 000 votos, perdiendo dos concejales.
Tras las elecciones, el alcalde bilbaíno aludió a un cúmulo de razones, desde el desgaste del PNV por la gestión en tantas instituciones hasta la falta de ilusión de los votantes pasando por “un clima de protesta en la calle”.
Lo cierto es que, atendiendo a los estudios de opinión, la temperatura social había cambiado de manera sustancial en comparación con el Bilbao de 2015.
A su llegada, según un estudio realizado por Ikerfel, el ‘paro y el fomento de la economía’ aparecían como las prioridades que el Ayuntamiento debía atender, seguidas del ‘bienestar social’, la seguridad ciudadana y la ‘igualdad de todos los barrios’.
El año pasado, una encuesta realizada por Gizaker para el Ayuntamiento de Bilbao reflejaba que la ‘falta de seguridad’ es la principal preocupación para prácticamente la mitad de los encuestados (48,8 %), por delante de la vivienda, el “exceso” de Turismo, la inmigración y el aparcamiento. La última edición de EITB Focus, presentada hace unas semanas, recoge igualmente la primacía en Bilbao de la seguridad y la vivienda como principales preocupaciones.
Cambio de paradigma
En algo más de una década, no sólo se ha producido un cambio radical en lo que se refiere al ciclo político, hoy marcado por el auge de posiciones conservadores e incluso reaccionarias. En paralelo, los efectos de las grandes problemáticas que condicionan este ciclo se han agudizado en las ciudades, convertidas en el escenario en el que se visualizan las grandes preocupaciones de nuestro tiempo.
La crisis de acceso a la vivienda, las tensiones derivadas de la turistificación de las ciudades o la cuestión de inseguridad aparecen entre los principales problemas de ciudades a lo largo ancho de Europa. Y Bilbao no es una excepción.
Con todo, Aburto parece haber resistido el envite mejor que muchos de sus homólogos europeos. La última encuesta de EITB Focus otorgaba al aún primer edil bilbaíno un porcentaje de aprobación del 66,4 %, y una nota media de 5,5. La valoración de la gestión municipal se sitúa en un 5,8.
El ‘malestar de las ciudades’ del que Jorge Dioni habla en su conocido ensayo sobre el cambio en la sociología de las ciudades es también patente en Bilbao, aunque menos pronunciado que en otras latitudes. Quizá esa apuesta por coser Bilbao desde los barrios tenga algo que ver.
Hace unos meses, cuestionado por su continuidad, Aburto respondía de manera elocuente:
Juan Mari Aburto
A mí lo que me preocupa es la situación de los barrios: cómo están, dónde hacen falta más ascensores…”
El primer edil bilbaíno ha decidido finalmente dar el relevo, aunque promete seguir en su empeño mientras ostente el bastón de mando.
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