"Carne y Arena": Iñárritu nos arrastra al límite
"Carne y arena". Foto: Enmanuel Lubezki.
La instalación “Carne y arena”, “experiencia” de realidad virtual creada por el cineasta mexicano Alejandro G. Iñárritu, nos recibe en el plató 5 de la sede de EITB en Bilbao con frío y con decenas de pares de calzado desperdigados por el suelo, dentro de la recreación de una celda de detención de la patrulla fronteriza de EE. UU.
Los zapatos, desparejados y raídos por la inapelable acción sobre ellos de la arena y el sol, son mudos pero elocuentes testimonios textiles del escabroso recorrido de personas mexicanas y centroamericanas con la urgencia de partir y el riesgo de no llegar. Varados en la arena, fueron recogidos en el desierto de California por personas voluntarias, como resorte emocional de una realidad demasiado irreal y virtual para quienes no la quieren ver.
"Carne y arena". Crédito: © Legendary. Foto: Chachi Ramirez
Ser otro, “ponerse en los zapatos” del prójimo o del extraño, es la razón de ser, el alma, de toda creación transformadora, ya sea una pieza de cine, periodismo, literatura, música o teatro o una “experiencia”. Es desde ahí, desde el bagaje ajeno, desde donde se puede ensanchar el mundo propio. Iñárritu sitúa en ese marco su instalación de realidad virtual, creada en 2017, pues afirma que “entender es la otra palabra para amar; si no eres capaz de entender, no podrás amar”.
En ese loable afán, en “Carne y arena”, el director de películas tan imprescindibles como Amores perros, Babel o Birdman invita al visitante –sintiente, si se permite el palabro– a descalzarse y entrar en una segunda estancia donde, sobre un suelo de arena, compartirá durante seis minutos recorrido, miedo y desamparo con esos a los que Galeano llamó “los nadie” y a los que hoy nos atreveríamos a llamar, retirando la eximente máscara de la omisión del sujeto, los ninguneados.
Biografía
Alejandro González Iñárritu, el bardo de la imagen
Desde su súbita irrupción en el panorama cinematográfico con “Amores perros” hasta “Bardo (o falsa crónica de unas cuantas verdades)”, el cineasta mexicano, que presentará su instalación “Carne y arena” en la sede de EITB en Bilbao, ha cimentado una carrera imprescindible en el cine de autor del siglo XXI.
El espacio multinarrativo de la instalación, del que desaparece el encuadre inherente al cine y en el que se multiplican los estímulos, sublima el sentimiento, el impacto emocional de la “experiencia” (vivimos en la era de la subjetividad, y pareciera que protagonizar algo sea la única vía para comprenderlo), pero aspira –creo– a que después llegue la reflexión y se complete el vaivén entre realidad, representación virtual y el regreso de el o la visitante, tras ser otro, al plano real y a un marco mental ampliado.
Ayuda a ello la parte final del montaje, donde asistimos al testimonio de las personas a las que hemos acompañado en la experiencia narrativa, en las que nos hemos adentrado. Son los protagonistas reales del camino a vida o muerte con destino a EE. UU., que recrearon después su travesía ante la cámara de Iñárritu.
Así, si no lo sabíamos, sabremos, por ejemplo, que Lina dejó cinco hijos en Guatemala, cuando la menor de ellos tenía 3 años, y que, tras llegar a EE. UU., fue pagando para llevarlos con ella uno a uno hasta que por fin todos pudieron estar juntos, cuando la niña contaba ya con 23 años. Los testimonios estremecen.
“Carne y arena (virtualmente presente, físicamente invisible)” es una obra entre la realidad y la ficción, un trabajo de efectos especiales y de afectos especiales, en la que se encarna y se humaniza a quienes están condenados a ser espectros. Es arte del futuro para un mundo que ojalá cuanto antes sea pasado.
“Carne y arena (virtualmente presente, físicamente invisible)” se puede visitar en el plató 5 de la sede de EITB hasta el próximo día 20 de junio. Entradas.