Fenómenos meteorológicos
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¿Está formándose un Súper Niño? El Pacífico se calienta en un planeta más cálido que nunca

El océano Pacífico muestra señales de calentamiento que podrían anticipar un episodio intenso de El Niño en los próximos meses. La posible evolución del fenómeno llega en un contexto de temperaturas oceánicas récord y con un riesgo de fenómenos meteorológicos extremos a escala global.

EL NIÑO - EU
Imagen del mapa donde afectará El Niño.

Los científicos vigilan el océano Pacífico ante las señales de calentamiento detectadas en las últimas semanas, que podrían favorecer la formación de un intenso episodio de El Niño en los próximos meses y aumentar el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos en distintas regiones del planeta.

La posibilidad cobra especial relevancia porque llega en un contexto sin precedentes: los océanos del mundo acumulan temperaturas excepcionalmente elevadas y el planeta atraviesa una etapa de calentamiento sostenido. 

Concretamente, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima una alta probabilidad de que se establezcan condiciones de El Niño en los próximos meses (en torno a 8 de cada 10 escenarios modelizados).

Aun así, los expertos insisten en que todavía existe incertidumbre sobre su evolución y los pronósticos sobre su intensidad siguen siendo más inciertos.

Las señales que llegan desde el Pacífico

Satélites, boyas y sensores marinos han detectado una extensa masa de agua anormalmente cálida desplazándose por el Pacífico ecuatorial a varios cientos de metros de profundidad.

Ese calor acumulado actúa como una reserva de energía. Si durante los próximos meses asciende hacia la superficie y se mantiene en el tiempo, podría reforzar el calentamiento de las aguas superficiales y favorecer el desarrollo de un episodio más intenso de El Niño.

Los científicos observan estos indicadores con especial atención porque configuraciones similares han precedido algunos de los eventos más significativos registrados en las últimas décadas.

Cómo altera el clima global

El Niño es un fenómeno natural conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), una oscilación climática que alterna fases cálidas y frías en el Pacífico ecuatorial. y que tiene capacidad para alterar el clima a escala global.

Se produce cuando los vientos alisios se debilitan y permiten que las aguas cálidas se desplacen hacia el centro y el este del océano, modificando la circulación atmosférica y el reparto de lluvias y temperaturas en distintas regiones.

El Niño no actúa de forma aislada. Forma parte de un sistema acoplado entre océano y atmósfera en el que ambos componentes se retroalimentan constantemente. Como explica la meteoróloga de Euskalmet, Maialen Martija, "lo que ocurre en el océano afecta a la atmósfera y lo que ocurre en la atmósfera afecta al océano", una interacción que termina influyendo en patrones meteorológicos de regiones muy alejadas del Pacífico a través de las llamadas teleconexiones.

Por ese motivo, cuando El Niño se activa, algunas regiones pueden sufrir sequías persistentes mientras otras registran lluvias torrenciales e inundaciones. América del Sur, Australia, el Sudeste Asiático y diversas zonas de África suelen encontrarse entre los territorios más expuestos a sus efectos.

¿Por qué se habla de un Súper El Niño?

Algunos modelos apuntan a una probabilidad en torno al 25 % de que la temperatura del Pacífico ecuatorial supere los dos grados por encima de lo normal durante el próximo invierno, umbral que suele emplearse como referencia para eventos especialmente intensos.

Este valor no implica impactos proporcionales ni uniformes en todo el planeta, ya que la evolución final depende de múltiples factores atmosféricos y oceánicos aún en desarrollo.

Un fenómeno natural en un planeta más cálido

El Niño ha formado parte del sistema climático terrestre durante miles de años y aparece de forma periódica, generalmente cada tres a siete años, y no es una consecuencia directa del cambio climático.

Martija advierte de que atribuir los récords de temperatura únicamente a El Niño puede resultar engañoso. El fenómeno actúa sobre una base climática ya alterada, lo que puede amplificar determinados extremos sin ser su causa principal.

Este aumento de energía también tiene impacto en los ecosistemas marinos, elevando el riesgo de episodios de blanqueamiento masivo de corales en distintas regiones del planeta.

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Impactos globales en un escenario de incertidumbre

Cada episodio de El Niño presenta características propias, pero la experiencia acumulada permite identificar algunos patrones recurrentes.

El fenómeno suele asociarse a alteraciones en las precipitaciones, olas de calor más persistentes, sequías, inundaciones e incendios forestales en distintas regiones del mundo, con efectos sobre la agricultura, la pesca y los recursos hídricos.

Por ahora, la principal incógnita no es si El Niño terminará desarrollándose, sino cuál será su intensidad y cómo interactuará con un planeta que ya atraviesa uno de los periodos más cálidos desde que existen registros modernos.

El Cantábrico y el Mediterráneo también se calientan

Las observaciones realizadas por distintas boyas oceanográficas reflejan una misma realidad: tanto el Atlántico como el Mediterráneo están acumulando calor de forma acelerada.

En el Cantábrico se han registrado temperaturas superficiales inusualmente elevadas para esta época del año. En apenas unas semanas, algunos puntos han pasado de valores cercanos a los 15 o 16 grados a rondar los 20 grados, situándose claramente por encima de los registros habituales.

La tendencia también es visible en el Mediterráneo occidental. En Baleares se han medido temperaturas próximas a los 26,5 grados, valores más propios del corazón del verano que de las primeras semanas de la temporada estival.

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¿Cómo será el verano en la Península Ibérica?

La AEMET recuerda que sus efectos son mucho más evidentes en regiones como América, Australia o el Pacífico tropical, mientras que en España el tiempo depende sobre todo de dinámicas más cercanas como el anticiclón de las Azores o las circulaciones atlánticas.

Los estudios disponibles no han encontrado una relación clara y estable entre El Niño y las temperaturas estivales en la Península, aunque en algunos episodios sí se han observado inviernos ligeramente más húmedos de lo habitual. 

En este contexto, Martija recuerda que estos efectos deben entenderse como variaciones probabilísticas dentro de la variabilidad climática y no como un patrón determinista que condicione el tiempo diario.

¿Y en Euskal Herria?

En el caso del norte peninsular, los estudios apuntan a señales algo más perceptibles, aunque igualmente débiles y sujetas a variabilidad.

Martija explica que en episodios de El Niño se han observado veranos ligeramente más húmedos de lo habitual en el oeste de Europa, aunque el resultado no es lo suficientemente robusto como para extraer una regla fija. En algunos casos también se ha detectado una ligera tendencia a temperaturas algo más suaves, pero sin consistencia estadística clara.

La meteoróloga insiste en que estos resultados deben entenderse como desviaciones leves dentro de la variabilidad climática natural: pequeñas alteraciones en la probabilidad de ciertos escenarios, no cambios estructurales en el tiempo diario.

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